domingo, 24 de mayo de 2009

El Gran Barco

Un barco con sus velas extendidas navega, una densa niebla hace imposible distinguir el rumbo, sin embargo, continua sin detenerse. Este es tres veces más grande que cualquier otro navío. La proa esta recubierta por metal, esto para que al impactar contra algo, hacerle un daño significativo sin dañarse a si mismo.
Las velas están rasgadas de los extremos y a la vez sucias. Veinte cañones de gran tamaño, sobresalen de cada lado. En cubierta, dos cañones inmensos reposan listos para disparar en cualquier momento, en ellos caben más de cincuenta hombres, se encuentran divididos por el mástil, una enorme escalera de metal lleva hasta la punta.

Adentro en el barco, se encuentra un cuarto lleno de historia, en las paredes externas se notan golpes, marcas de espadas e incluso rasguños de algún animal, dentro de este mismo, un hombre sentado mira su mano, la observa con delicadeza, se levanta y mira por una gran ventana. Viste con una armadura aterradora, llena de figuras de demonios, dragones y esqueletos. La armadura de sus hombros era grande, haciéndose verse más fuerte (de lo que ya estaba), en el pecho tenía un signo de dos dragones atacándose y portando estandartes. Su cabello era blanco con un tono medio gris, una cicatriz se deslizaba desde su oreja hasta terminar adentrándose en la armadura. Su estatura no era normal, era más grande que cualquier persona en los cuatro Reinos, su cara reflejaba tristeza, odio, ira y melancolía.
Pero lo mas interesante de el era su espada. Grande y gruesa, tenia signos en la hoja que formaban una frase, en el mango una figura de la cabeza de un dragón sobresaltaba, y a los dos lados se les había colocado dos dientes reales de dragón. Una pequeña capa de nuble negra rodeaba la espada, y los ojos de aquella cabecilla de dragón brillaban de vez en cuando.

Un hombre pálido con vestiduras rasgadas, lleno de cicatrices y con esposas quebradas en las manos entro al cuarto.
- Se…se…señor – dijo todo asustado al ver su estatura – llegaron los jinetes –
- Diles que esperen arriba, en un momento subo – respondió con una voz muy grave
- Si se…señor –

En cubierta esperaban cuatro Jinetes Negros, sus cabezas estaban cubiertas con capuchas, y sus rostros con humo negro. De las escaleras se escuchaban unos pasos muy firmes y pesados, era el hombre con su gran espada.
- Los tritones ya no volverán a ver un mañana mi Señor – dijo uno de los Jinetes
- Bien, manténgalos controlados…-
- ¡Queremos nuestra montaña! –
- Eso será después –
- Prometiste devolvernos libertad –
- ¿Qué? ¿Libertad? Están condenados a una eternidad en el inframundo…yo les estoy dando mas tiempo –
- Tu solo nos has traído muertes –
- ¡¡Ya están muertos!! – dio un fuerte grito aquel hombre – solo que no están pagando sus consecuencias – se relajó y suspiró - ¿Qué es lo que quieren en esta parte? – Todos se quedaron en total silencio, el Jinete hizo su capucha hacia atrás, dejando ver su negro y demacrado rostro respondió:
- Nuestra “parte” -

Después de eso, el hombre les dio la espalda y caminó hacia las escaleras que conducían a su cuarto. Al estar apunto de pisar el primer escalón el Jinete, furioso, grito:
- ¡Arthalas! –
Se detuvo, torno su vista hacia el Jinete y sus ojos se tornaron de color azul. Tenia una mirada terrorífica, se dirigió a donde había estado, se detuvo y desenfundo su enorme espada. Dos metros de un metal muy fino lleno de insignias, apuntaron al Jinete, la capa de humo negro que rodeaba la hoja se volvió aún más gruesa. Con sola una mano la sostenía, con la otra, tomo al Jinete del cuello, lo elevo a su altura y luego le pregunto con una voz amenazante:
- ¿Hay algo mas que me quieras decir? –
- Uno de nosotros…nos…trai…ciono – contesto ya casi sin respiración
- ¡¡No sirves para nada!!- grito Arthalas

Clavándole su espada en el vientre, lo elevo más y una gran bola de fuego lo cubrió, al final solo quedaron cenizas de la ropa del Jinete. Estaba furioso, se dirigió al timón y aventó al que lo tenía en sus manos, viro un poco a la derecha y grito fuertemente:
- ¡¡¡Suelten la maldita ancla!!! –

Y eso hizo la tripulación, la soltaron y esta empezó a hundirse en el océano, al final, cuando por fin toco tierra, impacto con tanta fuerza que el barco se inclino un poco a la derecha.
-¡Descansen! – Ordenó Arthalas a la sobreexplotada tripulación – estaremos aquí tres noches más, si alguien se le ocurre huir…que yo no me entere…por que si me entero…desearan jamás haber sido Mifros –
Se dirigió a su cuarto de nuevo, y ordeno traer a su comandante de guerra, esta recibía el nombre de Fagor.
- ¿Qué es lo que sucede? – pregunto inmediatamente al entrar al cuarto
- Saben que estamos en camino - contesto Arthalas mirando su mano
- Solo fue un Jinete – trato de calmarlo – no da mucha información –
- Pero… - dijo volteando con la mirada fija -…hay otras personas no solo son “el” y “el” –
- A ¿Qué te refieres? –
- Hay personas que han vivido lo suficiente…y saben lo que tramamos –
- No ha habido ninguna persona desde La Guerra de Ganfil –
- Son sobrevivientes – volvió a fijar su mirada a la mano – han sobrevivido a las peores condiciones…incluso al llamado de los Jontrus por parte de…Garentru –
- ¿Cómo sabes todo esto? –
- Puedo sentirlo – empezó a caminar hacia Fagor -…esta en el aire, puedo verlo, puedo incluso olerlo –
- ¿Qué quieres que haga? –
- Detén toda flota, diles que estaremos varados tres noches –
- En tres noches es luna llena –
- ¡Crees que no lo se! – grito golpeando una de las paredes – es un riesgo que debo tomar –
- Como tu digas – Fagor abandonó el cuarto
- Además…- susurró Arthalas mientras tomaba asiento al ver que Fagor cerraba la puerta -…en tres noches, ya no servirás de nada –

3 comentarios:

  1. Este ya lo habia leído en tu metro.l Muy bueno.. =)

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  2. lol roy xD
    pues ya te dije por el msn lo que pensaba
    pero igual te firmo BD

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  3. me dio flora pero lo lei x)

    muy bueno :o

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